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Las lesbianas que me odiaron

 Esta tarde al volver de clase venía yo empanada como siempre recorriendo la ya aborrecida Av. de Blasco Ibáñez. Venía cabreada pues la clase para cuya asistencia desplacé mi hogareño cuerpo a la dichosa facultad nunca llegó a tener lugar. Para colmo de males los semáforos se confabulaban en mi contra. Pero entonces, mientras esperaba al monigote verde, vi algo que me alegró. A mi lado una pareja de chicas se daba arrumacos esperando también, aunque seguramente con menos prisa y cabreo, al monigotillo verde.

 

 Suena tonto (y puede que lo sea) pero a todas nos da gocillo ver a una pareja de muchachas que se besa en plena calle, ¿o no? En fin que se me fue el cabreo de pronto y me puse a mirar a las tortolitas de turno pensando en lo monas que eran y en lo poco que faltaba para encontrarme con mi tórtola particular. El problema vino cuando ellas se percataron de que yo las miraba.

  Lo malo de todo esto es que no sé que cara pongo cuando miro a una pareja de chicas con esa extraña empatía que crea el rechazo compartido. Por lo visto pongo cara de acosadora, de skin o de votante del PP ya que ellas me obsequiaron con los  gestos de más mala hostia que se han visto jamás.

  Yo quería decirles “os equivocais,  que soy de las buenas, ¡que os miraba con cariño porque me recordaís a mi mujer y a mí! “… y no sé cuántas cosas más que no les dije. Me quedé callada como una tonta y, después de ponerme de todos los colores, juré fijar la vista nada más que en el maldito monigote que a esas alturas parecía hasta reirse de mí. Cuando las perdí de vista me puse a pensar: ” No tengo pinta de acosadora, ni de skin ni de nada de eso. Además tampoco las estaba mirando tanto, no sé…” Entonces caí en la cuenta: ¿cómo miraba yo (nosotras) a alguien que, cuando íbamos juntas, nos miraba más de unos segundos seguidos? Ahá: la misma cara de mala hostia.

 Y es que nos tienen acostumbradas a tanto varapalo, a tanto acosador, a tanto skin y a tanto votante del PP que ya ni concebimos que alguien nos mire con simpatía. ¡Pues vaya!

 Total, que volví a casa más triste y más cabreada con el heteropatriarcado, con los skin, con los votantes del PP, con los monigotes verdes y con la madre que los parió. 

L.

 

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