Archivo de la categoría: Valencia

De naranjas y márgenes

Ahora debería venir una pequeña, discreta y humilde disculpa introductoria por haber tenido esto abandonado durante tanto tiempo. Pero como en esto de llevar el blog al día es evidente que ni la parienta ni yo somos ejemplo ¿para qué excusarse o prometer actualizaciones que, bien lo sabemos, puede que nunca lleguen? Para nada. Pues eso.

Lo de parienta lo digo, además de porque me produce un gozo inmenso decirlo (los que me conocéis bien lo sabéis), porque la parienta en cuestión ha iniciado un experimento en el barrio.

Bien sabemos lo lejos que maribollos, trans y demás fauna quedamos de los mecanismos de socialización barriales. Digamos que, en términos pos-estructuralistas, las viejas que se cruzan camino de la pescadería, las cajeras del mercadona y los jubilados (carajillo en mano) son el centro y nosotras los márgenes.

El caso es que el otro día, sin previo aviso, la parienta me sorprendió al entrar en contacto con el centro. La frutería del barrio es un lugar muy frecuentado por nosotras y el frutero, además de un hombre muy majo, es algo así como Valencia hecho carne, l´horta misma. Rusticidad mediterránea en estado puro, vaya. El caso es que estando en la frutería del buen señor ella esperaba enfrente del mostrador a que yo acabara de escoger las naranjas. Volvía yo feliz y contenta con mis naranjas en la bolsa y peleándome con ese tan espantoso como higiénico guantecillo de plástico cuando me percaté de que el frutero, aunque tan simpático como siempre, estaba como descolocado. Cuando salimos manifesté mi extrañeza y D. me contestó:
– Nada, es que mientra cogías las naranjas le he dicho ” A ver si acaba ya la parienta” y se ha quedado un poco muerto.

Ahí lo tenemos: el diálogo márgenes-centro es posible, solo hay que reapropiarse de su idioma. Claro que ahora el frutero le da palmaditas en la espalda de camaradería y la tiene por el macho legítimo de la relación. Nadie dijo que fuera fácil.

L.

Anuncios

4 comentarios

Archivado bajo En el barrio, Valencia

Hemos vuelto

Sí, este es el típico post de “hemos vuelto”. Pues bien HEMOS VUELTO ¿Y ahora que viene? Podría venir la larga retahíla de excusas acerca de porqué no hemos escrito en estos meses (que si exámenes, que si poco tiempo, que si muchas cosas que hacer…) pero a cambio contaremos porqué hemos decidido volver. Hay dos razones principales. La primera es que en todo este tiempo no hemos parado de pensar cosas del tipo “tenemos que hablar de esta obra de teatro en el blog” “… y de este libro” “…y de esta película” “…y contar lo que nos pasó aquella tarde en el río” “¡y lo del otro día también”, etc, etc,etc.
La segunda es que nos hemos dado cuenta de que mientras nuestros infructuosos intentos de actualizar el blog iban quedando poco a poco en el aire muchas almas descarriadas arribaban aquí. Las estadísticas engordaban y enflaquecían caprichosamente pero no dejaba de sorprendernos que alguien recalara en nuestro rincón.
Lo mejor llegó cuando nos paramos a mirar las palabras que, introducidas en los buscadores, habían llevado a la gente aquí. Como propietarias primerizas de blog que somos nos sorprendieron algunas. Hemos hecho un ránkig y todo:
1 Vaginas peludas
2 Penes grandes gay
3 Abuelita de piolín
4 Ricky Martin sale con una chica
5 Cadena de oro para hombre
6 Futbolista homosexual/ Penes de futbolistas
7 Disfraz cigüeña
8 Rocco Siffredi también sale del clóset/ Rocco Siffredi sale del armario
9 Fotos partido popular
10 Falleras bolleras

Que cada cual se quede con su favorita…
Nosotras hemos decidido, por un día, darle al respetable lo que quiere. Ahí va eso:

4 comentarios

Archivado bajo Heteropatriarcado, Valencia

Peludas y libres

 Crónica de una mañana de domingo con fotos incluidas

 Cuando piensas que la ciudad (en particular este Reino de Rita en el que vivimos) no puede darte más disgustos, vas y te topas con algo que te alegra.

 De todos modos hoy no era uno de esos días de andar enfadadas con el mundo: sol, regreso de nuestros respectivos pueblos y comida familiar. El trayecto el mismo de siempre,  Blasco Ibáñez arriba Blasco Ibáñez abajo. Y en una de sus tantas cabinas telefónicas:

  Suavitas, la empresa quitapelos por excelencia, la que ayuda a mujeres, metrosexuales y maricas varios a deshacerse de sus pelambras sobrantes.

 “Una excusa para depilarte” dice el anuncio… cuando todos sabemos que no se trata de excusas sino de presiones. Los pelos (femeninos) incomodan y hemos de someternos a las inefables torturas de la cera caliente para ser aceptadas como miembros respetables de la sociedad. Para parecernos a las que salen por la tele… ¡si Frida Kalho levantara la cabeza!

 Y la cuestión es que muchas, incluso las que luchamos en contra de esa imagen que el heteropatriarcado impone, no somos capaces de tirar de una vez la Epilady por la ventana. Desde aquí nuestro respeto, apoyo y profunda admiración a todas aquellas féminas que se dejan crecer los pelos a pesar de todo.

 El caso es que allí estábamos nosotras en mitad de la acera adorando a las excelsas bándalas que, spray en mano, mancillaron el susodicho anuncio. Pero el heteropatriarcado no tardó en hacer acto de presencia en forma de la típica pareja de cincuentones valencianos eternamente escandalizados.

  Primero se sorprendieron de ver a alguien haciendo una foto a una cabina, luego se horrorizaron al leer lo de “peludas y libres” y finalmente acabaron de espantarse ante el lesbianismo de las fotógrafas. Visiblemente indignada la mujer se cogió del brazo de su esposo como buscando un aliado ante el despropósito de aquella estampa que acababa de contemplar. ¿ O tal vez quiso evidenciar su decencia, su heterosexualidad y su perfecto rasurado?

8 comentarios

Archivado bajo Heteropatriarcado, Valencia

Las lesbianas que me odiaron

 Esta tarde al volver de clase venía yo empanada como siempre recorriendo la ya aborrecida Av. de Blasco Ibáñez. Venía cabreada pues la clase para cuya asistencia desplacé mi hogareño cuerpo a la dichosa facultad nunca llegó a tener lugar. Para colmo de males los semáforos se confabulaban en mi contra. Pero entonces, mientras esperaba al monigote verde, vi algo que me alegró. A mi lado una pareja de chicas se daba arrumacos esperando también, aunque seguramente con menos prisa y cabreo, al monigotillo verde.

 

 Suena tonto (y puede que lo sea) pero a todas nos da gocillo ver a una pareja de muchachas que se besa en plena calle, ¿o no? En fin que se me fue el cabreo de pronto y me puse a mirar a las tortolitas de turno pensando en lo monas que eran y en lo poco que faltaba para encontrarme con mi tórtola particular. El problema vino cuando ellas se percataron de que yo las miraba.

  Lo malo de todo esto es que no sé que cara pongo cuando miro a una pareja de chicas con esa extraña empatía que crea el rechazo compartido. Por lo visto pongo cara de acosadora, de skin o de votante del PP ya que ellas me obsequiaron con los  gestos de más mala hostia que se han visto jamás.

  Yo quería decirles “os equivocais,  que soy de las buenas, ¡que os miraba con cariño porque me recordaís a mi mujer y a mí! “… y no sé cuántas cosas más que no les dije. Me quedé callada como una tonta y, después de ponerme de todos los colores, juré fijar la vista nada más que en el maldito monigote que a esas alturas parecía hasta reirse de mí. Cuando las perdí de vista me puse a pensar: ” No tengo pinta de acosadora, ni de skin ni de nada de eso. Además tampoco las estaba mirando tanto, no sé…” Entonces caí en la cuenta: ¿cómo miraba yo (nosotras) a alguien que, cuando íbamos juntas, nos miraba más de unos segundos seguidos? Ahá: la misma cara de mala hostia.

 Y es que nos tienen acostumbradas a tanto varapalo, a tanto acosador, a tanto skin y a tanto votante del PP que ya ni concebimos que alguien nos mire con simpatía. ¡Pues vaya!

 Total, que volví a casa más triste y más cabreada con el heteropatriarcado, con los skin, con los votantes del PP, con los monigotes verdes y con la madre que los parió. 

L.

 

2 comentarios

Archivado bajo Heteropatriarcado, LGTB, Valencia

¿Ah, sí? ¡Pues no se te nota nada!

Dedicamos esta entrada con cariño a nuestros amigos y familiares, quienes habitualmente reaccionan diciéndonos: ¿Ah, sí? ¡Pues no se te nota nada!, sin haberse parado a pensar lo que esconde tras de si.

Esta frase, inofensiva en apariencia y dicha siempre desde el cariño, se sustenta en una serie de presupuestos que constituyen a su vez la base de la imagen que la sociedad heteropatriarcal tiene de la homosexualidad. A saber:

a) que debe invadirnos una extraña alegría por pasar desapercibidas en esta sociedad. Es decir, por ser consideradas inofensivas chicas heterosexuales hasta que el gesto afectivo de marras pruebe lo contrario.

b) que, puesto que el hecho de que” no se nos note” es positivo,  debe ser algo vergonzoso que  nuestra homosexualidad/bisexualidad sea obvia.

c) que entra en juego un juicio heteropatriarcal contra el que luchamos: se te aprueba si tu apariencia es “femenina”  y se te discrimina si tu estética es “masculina”. Algo así como: “Si puedes ser todo lo lesbiana que quieras, mujer, siempre y cuando no se te note demasiado. Mejor que no seas una de esas bolleras que parece que quieren ser hombres.”

 

 

 

  A nosotras mismas nos dijeron una vez algo muy parecido. Estábamos tan tranquilas tomándonos una caña en una terraza en la Plaza del Cedro cuando el camarero, a la hora de traer la cuenta, nos espeta: “¿Sois pareja, verdad?” El tipo era algo así como el prototipo del grimoso cuarentón engominado que parece no haberse duchado en años. Nos miraba de un modo raro desde el principio (algo a lo que desgraciadamente estamos más que acostumbradas). De que éramos pareja no podía tener ninguna duda pues, como nuestros amigos se encargan de recordarnos constantemente, somos bastante pegajosas. Ante nuestro estupor añadió: “Se ve que os quereís mucho. Y no sois como esas a las que se les nota de lejos, que van dando la nota.”

 Evidentemente no hemos vuelto a ese bar y no le preguntamos al simiesco camarero a qué se refería exactamente. Pero indudablemente era una felicitación por nuestra estética alejada del camionerismo que sin duda presuponía en una lesbiana.

 Para ver de una manera más efectiva el absurdo de este “halago”, démosle la vuelta a la tortilla: supongamos que un amigo nos dice que es heterosexual y nosotros, para arroparlo e intentar transmitir nuestra aceptación le decimos: ¿Ah, sí? ¡Pues no se te nota nada!

¿Os lo imaginais? Claro que no, nos parece risible que nuestro amigo se vaya a sentir más cómodo confundiéndose como gay. “Pues chico, porque me lo dices tú, porque si no yo ya te veía dando botes en el Día del Orgullo” El bálsamo perfecto para cualquier hombre heterosexual, ¿eh?  Por no hablar de la reacción de él, lo ofendido que se puede sentir o la guantá que te puede caer.

 Desmontada pues la falacia del “halago” en cuestión agradecemos a familiares y amigos (al camarero grimoso no) su buena, aunque desatinada, intención.

2 comentarios

Archivado bajo estereotipos, femenino/masculino, Heteropatriarcado, LGTB, Valencia

Heteropatriarcado fallero

  Imaginad que de un día para otro vuestra ciudad se llenara de niños demoníacos que se divierten lanzándote petardos cuando te encaminas a clase, a hacer la compra, etc.  Imaginad que las calles se llenaran de orgullosas parejas (siempre de tipo reproductivo) engalanadas con extraños atuendos… ¡Bienvenidos a Valencia!

 La cosa tiene su punto pero después de más de una semana de bullanga charanguera cualquiera desearía salir por fin de esta película de Berlanga. Y al fin hoy es el día: no se escucha a lo lejos ningún pasodoble y alguien ha logrado reducir a los niños pirómanos…¡milagro! Toca descansar así que aquí estamos las dos vagueando en el sofá saboreando la ausencia de pólvora en el aire del salón.

 Pero el heteropatriarcado no descansa nunca. Si me apuras, es en estas fiestas populares donde alcanza su máximo esplendor, empezando por sus protagonistas: Fallera mayor y Presidente (en el caso de los niños, nanos por estos lares, Fallera Mayor infantil y Presidente infantil).

 Las funciones de ambos son muy similares: sonreir en las fotos y contestar con agrado a los reporteros de Canal Nou (canal que,por otra parte, merece un monumento al heteropatriarcado más rancio). Pero mientras que para las Falleras Mayores la “belleza” es un requisito indispensable no pasa lo mismo con los presidentes. Por otra parte los nombres mismos dicen mucho: fallera nos suena a mero florero del que se espera poco más que el derramamiento de lágrimas que corran su rimmel. Sin embargo presidente suena como a cosa seria, como cargo al que tener en cuenta… ¿Pecata minuta? sí. ¿Quisquillosas nosotras? puede. Pero esto no es sino una demostración más del infinito poder del heteropatriarcado  incluso en los más inocentes detalles de esta sociedad.

 En fin, que al año que viene más. Más pólvora, más lágrimas de fallera, más mascletás y más niños pirómanos… Y vigilándolo todo desde el balcón del Ayuntamiento la vigorosa “heterosexualidad” de Rita.

Deja un comentario

Archivado bajo Heteropatriarcado, Valencia