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¿Ah, sí? ¡Pues no se te nota nada!

Dedicamos esta entrada con cariño a nuestros amigos y familiares, quienes habitualmente reaccionan diciéndonos: ¿Ah, sí? ¡Pues no se te nota nada!, sin haberse parado a pensar lo que esconde tras de si.

Esta frase, inofensiva en apariencia y dicha siempre desde el cariño, se sustenta en una serie de presupuestos que constituyen a su vez la base de la imagen que la sociedad heteropatriarcal tiene de la homosexualidad. A saber:

a) que debe invadirnos una extraña alegría por pasar desapercibidas en esta sociedad. Es decir, por ser consideradas inofensivas chicas heterosexuales hasta que el gesto afectivo de marras pruebe lo contrario.

b) que, puesto que el hecho de que” no se nos note” es positivo,  debe ser algo vergonzoso que  nuestra homosexualidad/bisexualidad sea obvia.

c) que entra en juego un juicio heteropatriarcal contra el que luchamos: se te aprueba si tu apariencia es “femenina”  y se te discrimina si tu estética es “masculina”. Algo así como: “Si puedes ser todo lo lesbiana que quieras, mujer, siempre y cuando no se te note demasiado. Mejor que no seas una de esas bolleras que parece que quieren ser hombres.”

 

 

 

  A nosotras mismas nos dijeron una vez algo muy parecido. Estábamos tan tranquilas tomándonos una caña en una terraza en la Plaza del Cedro cuando el camarero, a la hora de traer la cuenta, nos espeta: “¿Sois pareja, verdad?” El tipo era algo así como el prototipo del grimoso cuarentón engominado que parece no haberse duchado en años. Nos miraba de un modo raro desde el principio (algo a lo que desgraciadamente estamos más que acostumbradas). De que éramos pareja no podía tener ninguna duda pues, como nuestros amigos se encargan de recordarnos constantemente, somos bastante pegajosas. Ante nuestro estupor añadió: “Se ve que os quereís mucho. Y no sois como esas a las que se les nota de lejos, que van dando la nota.”

 Evidentemente no hemos vuelto a ese bar y no le preguntamos al simiesco camarero a qué se refería exactamente. Pero indudablemente era una felicitación por nuestra estética alejada del camionerismo que sin duda presuponía en una lesbiana.

 Para ver de una manera más efectiva el absurdo de este “halago”, démosle la vuelta a la tortilla: supongamos que un amigo nos dice que es heterosexual y nosotros, para arroparlo e intentar transmitir nuestra aceptación le decimos: ¿Ah, sí? ¡Pues no se te nota nada!

¿Os lo imaginais? Claro que no, nos parece risible que nuestro amigo se vaya a sentir más cómodo confundiéndose como gay. “Pues chico, porque me lo dices tú, porque si no yo ya te veía dando botes en el Día del Orgullo” El bálsamo perfecto para cualquier hombre heterosexual, ¿eh?  Por no hablar de la reacción de él, lo ofendido que se puede sentir o la guantá que te puede caer.

 Desmontada pues la falacia del “halago” en cuestión agradecemos a familiares y amigos (al camarero grimoso no) su buena, aunque desatinada, intención.

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Archivado bajo estereotipos, femenino/masculino, Heteropatriarcado, LGTB, Valencia