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Tus enchufes son heteros

 

 Pasillos de teles, altavoces, cables, mp4s, tdts… pensaba que en este escenario, y en cualquier otro, sólo las personas, en este caso compañeros y clientes, me proporcionarían anécdotas de corte heteropatriarcal. ¡Error! Para mi sorpresa hasta los objetos están a merced del Imperio del Heteropatriarcado. O mejor dicho las denominaciones con que los humanos tenemos a bien de bautizarlos

 Cables macho, cables hembra. Por extraño que os parezca, no conocía este argot. Protuberancia=hombre, agujerito= mujer. Y, “naturalmente”, los dos encajan. 

  Quise compartir mi sorpresa ante este absurdo terminológico con mis compañeros. Ellos, o bien no entendieron mi indignación, o bien pensaron que nunca había reparado en esa “obviedad” cotidiana. Así, como a una niña a la que sus progenitores explican de dónde vienen los niños, superada la fase cigüeña-parisina, me dijeron: “Claro, el macho es el del pitorro y la hembra lo que tiene agujero”. Intenté hacerles ver lo ridículo que resulta, si se le dedican dos neuronas al tema, la asignación de roles sexuales (heteros siempre, claro) a los intrumentos electrónicos. Como podéis imaginar fue un fracaso, para variar…

D.

Pd: Al menos ya no tendré que lidiar con más presuntos penes y vaginas electrónicos, es lo que tienen los despidos sorpresa.

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Mi primer día de trabajo

  Ayer arrancó mi primer día de trabajo en una nueva empresa.  Enhorabuena, D., has sido seleccionada para formar parte del escueto grupo de afortunados. Os formaremos durante un mes antes de que os incorporéis a la tienda.

  La tienda forma parte una de esas multinacionales despiadadas que, para más inri, utiliza el degradante método del corporativismo happy-flower basado en el buenrrollismo, las sonrisas forzadas y el falso discurso de la sensibilidad medioambiental. “KaiWen” y otro puñado de términos de la filosofía oriental adaptada llenan la habitación del hotel en el discurso de bienvenida.

  Tranquilos, mi papel en esta empresa se limita a vender teles y otros productos, siempre con una gran sonrisa. (Con algo tengo que pagar mis estudios y el alquiler…).

  Lo sabía, no podía tardar en llegar la primera bofetada heteropatrialcal: “Vosotras, las chicas, deberéis llevar un ligero maquillaje y llevar siempre zapato negro. Yo hoy, me he puesto zapato de tacón porque soy bajita y quería daros la mejor impresión…”, nos dice, siempre sonriente, mientras gira sobre sí misma y las marichonis  celebran su ingenio con risitas y comentarios . (Ellas no lo saben, pero creo que se pondrán un poquito tristes cuando se den cuenta de que no podrán llevar a diario sus multicolores uñas de porcelana, sus anillos y cadenas de oro, su sombra azul turquesa o rosa, y demás espantos cósmico-cosméticos).

   No entiendo porque tengo que maquillarme para explicar la diferencia entre entre un plasma y un LCD, ni porqué voy a agradar más a un cliente si mido 4 centímetros extra…

  Ya os contaré más aventuras de mi intrusión laboral en/para la sociedad heteropatriarcal…  Seguro que mi “nueva familia” da para muchas entradas.

D.

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